Por: @juancalde_

Siempre me pregunté cuando llegaría este día, siempre me pregunté qué pasaría conmigo, que sentiría, cuál iba a ser tu despedida, como te íbamos a decir adiós. Nunca pensé que sería tan pronto. Jamás dudé de que te quedaban años acá y hasta soñé con verte jugar en Boedo, como una vez vos dijiste.

No la parés de mirar, es toda tuya.

Qué decir de mi máximo ídolo, de mi faro, de mi luz. Eras uno más de nosotros ahí adentro, jugando, siempre con tus pisaditas, tus pases que atravesaban la eternidad para quedar en los pies de algún compañero.

Qué decir de vos, que sos hermoso, que pateaste el penal más importante de mi vida, que me otorgaste el infinito placer de llorar abrazado con mi viejo festejando un gol tuyo.

Entre lágrimas trato de desnudarme ante una pantalla, tratando de hablar de vos. Te me vas, ¿sabés lo que duele no poder hacer nada al respecto?, ¿sabés lo que duele no poder decirte “gordo, por favor quédate” en la cara?

Estoy desahuciado, sin ganas de más. Y si, ya sé que San Lorenzo está por encima de cualquier jugador, pero por favor, no me pidan que enfríe el corazón justo con vos, que me diste hasta lo que no tenías para que yo y unos cuantos más nos ahoguemos de emoción.

Nunca me permitiré olvidarte, una parte de mi corazón está alquilada para vos, para siempre.

Te ví en las malas, allá por el 2012, con los huevos que siempre te caracterizaron, agarrando la pelota para empatar el partido de la promoción. Después, me tocó verte ganando el Inicial 2013, para terminar con aquella maldición el 8 de agosto del 2014, cuando tuviste las suficientes agallas para, una vez más, tomar la pelota y eliminar cualquier presión que se ejercía sobre vos para mandarla al fondo de la red. También recuerdo aquella vez que jugaste con Paraguay 95 minutos un sábado, y le pediste a Ramón que te deje irte de la convocatoria para jugar en la Bombonera, menos de 24 horas después. Y lo hiciste, terminaste el partido y te viniste desde Chile para jugarle a Boca. Qué hermosa locura tenés, gordo.

Quien diría que aquél gordito que llegaba allá por el 2011 iba a hacer tanta historia. Al día siguiente a tu contratación, fuiste portada del Diario Olé y junto a una foto de tu cara aparecía una frase mística: “La voy a romper”, quería confírmatelo, fuiste un visionario, la rompiste toda, y te ganaste un lugarcito en el alma de todos nosotros.

Afronto esto como una tragedia, quizá, pero me cuesta tanto disociarte de San Lorenzo. Si había algo que no quería en esta vida es verte lejos del club de mis amores, pero bueno, algunas veces pasan estas cosas y no queda más remedio que esperar que pase el dolor de verte lejos de acá.

Nunca me soltaste la mano, yo tampoco te la voy a soltar. Y como bien rezaba una muy linda bandera hoy en la cancha: perdonalos, Orti, no saben lo que hacen. El que no te quiera que se haga ver. Es de necio negar tu pie de arquitecto y tu eterna calidad, tu juego pausado y tu cabeza para jugar a la pelota, siempre un paso más adelantado que los demás, como si tuvieras un mapa en tu cerebro. Sos una bestia, hermano.

No te sentís valorado y por eso te vas, pero entendé que nosotros siempre te vamos a amar, contra viento y marea.

No me quedan más palabras, y mucho menos, lágrimas. Esperaba estar escribiendo este texto dentro de unos añitos más, lastimosamente me toca escribirla ahora, con toda la angustia que me engloba.

Una parte de mí se va con vos.

Sos una leyenda, un excelente jugador, pero sin dudas, mejor persona.

Hoy brindo por vos, por tus ganas de ir siempre para adelante, por llevarte al mundo puesto con la camiseta del Ciclón, por las alegrías que nos diste y por las tristezas que nos tocó pasar juntos, por la promoción y la Libertadores, por ponerte el equipo al hombro, por cada uno de tus pases mágicos, por cada vez que coree tu nombre en la cancha, por tus tribuneadas, por el gesto a Boca del 4 a 0, porque sos parte de la historia de San Lorenzo y nunca te vamos a olvidar. No es un adiós, es un hasta luego, sin dudas.

Eternamente GRACIAS Néstor Ortigoza.

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