Se cumplen dos décadas del debut oficial de Guillermo Barros Schelotto con la camiseta de Boca.

Debutó en Gimnasia y Esgrima en el año 1991 y tras varias temporadas en primera, a mediados del 97 le tocó llegar al conjunto de La Ribera. Mucho tuvo que ver ese último torneo en el Lobo donde le ahogó la inauguración de los palcos a Boca convirtiéndole 3 goles en lo que fue un 0-6 histórico. Quien iba a decir que ese muchachito de La Plata se convertiría en uno de los máximos ídolos de la historia del Xeneize.

Su camino en Boca arrancó de la mejor manera al convertirle en su debut a Unión, dándole así la victoria 2 a 1 al equipo del Bambino Veira. Mucho tuvo que ver en su consolidación Carlos Bianchi, el cual apenas llegó le dio la confianza de titular a él y a Martin Palermo, quien sería su gran socio.

Muchos jugadores vistieron la dorsal número 7 pero luego de que el Mellizo se fuera en 2007, puede venir el que quiera que va seguir siendo su camiseta. Disputó 300 partidos, marcó 86 goles, ganó 16 títulos y se cansó de amargar a las gallinas. Pícaro, atrevido, chapita en pocas palabras. Guillermo dejó la vara muy alta para todos los que vendrán ya que no sólo jugaba bien a la pelota sino que también tenía una forma de vivir el fútbol que hacía que te enamores si lo tenías de tu lado o que lo odies si lo tenías en contra.

El enorme legado que dejó como futbolista lo acrecienta día a día con el buzo de DT. “Yo no quiero ser técnico de fútbol, quiero ser técnico de Boca”, declaró a mediados de 2007 cuando finalizó su etapa de jugador xeneize para transformarse en una leyenda viviente de estos colores. Como entrenador dirigió 60 partidos en los cuales consiguió 32 victorias, 18 empates y sólo 10 derrotas. Ganó el último torneo nacional varias fechas antes de su terminación cosa que le da aún más espalda de cara a la próxima Copa Libertadores.

Salud, Guillermo. Felices 20 años y larga vida como entrenador en nuestro club.

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