El presente de River es inadmisible. Un equipo que se encuentra más cerca del fondo de la tabla que del puntero, lejos de las copas y de los objetivos que se podía plantear al inicio de la Superliga, donde increíblemente ganó los primeros tres juegos, pero sobre todo, lo más preocupante es lo que se ve adentro de la cancha. Ya pelear el torneo es imposible, pero mirando hacia adelante no puede tolerarse ver un equipo sin respuestas, sin fútbol, por momentos sin ganas, teniendo en cuenta que nombres y jerarquía hay.

No van más las excusas. Que jugamos copa, los árbitros, la rotación, la adaptación de los refuerzos. Se puede entender que River haya quedado lejos por priorizar la Libertadores en el primer semestre de esta temporada, pero no puede admitirse recibir un gol en todos los partidos de visitante y no traerse ni un empate en lo que va del 2018. No alcanzan las palabras de un dolido Enzo Pérez pidiendo disculpas por su polémica expulsión, ni aferrarse a la mala suerte porque un tiro libre pega en el travesaño, en la línea, vaya a saber donde más, y de la contra te hacen un gol. ¿Mala suerte? Quizás. ¿Fallos arbitrales en contra? También, pero no es solo eso.

River debe dedicarse a jugar. Está lejos de todo, peor no puede verse, quizás no entre a ninguna competencia internacional para 2019. Esto es malo: Sí, pero no puede permitirse no jugar, no puede volver a irse 0-1 fuera de casa, sin generar juego, jugando fulbito por momentos, invitando a todos los rivales a atacar por los laterales que viven desprotegidos. River debe volver a las raíces, y en eso debe hacer hincapié Gallardo. Puede ganar, empatar o perder, pero debe volver a lograr eso que le hizo entender a todo el mundo en el 2014-2015: para ganarle había que transpirar más que contra nadie, y si lo tenes medio groggy liquidalo, por qué sino no te llevas nada.

Se viene el debut por Copa, esa que durante tanto tiempo fue esquiva, pero que pudo volver a nuestras vitrinas por el esfuerzo, la unión y el compromiso de un grupo que entendió como se juega con esta camiseta. Respetando a todos, y dejando hasta la última gota, sin claudicar como tantas veces dijo el Muñeco, sabiendo que con el nombre y con la camiseta no se gana más. Hay plantel, hay DT, una institución enorme, una multitud que acompaña siempre. Recuperen la memoria, pero sobre todo, jueguen.

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